Ideas Análisis comparado
El que pierde grita fraude
La acusación de fraude no tiene ideología, y la única defensa es contar el papel y aceptar lo que diga.
Por Violeta Ayala — Tecnologa Creativa
El que pierde grita fraude
Perú y Colombia cuentan votos la misma semana. En los dos, el resultado se parte por la mitad y el que va perdiendo dice lo mismo. Lo que la desconfianza revela, y lo que esconde.
Junio de 2026. Dos países andinos cuentan votos al mismo tiempo. En Colombia, Abelardo de la Espriella aventaja a Iván Cepeda por menos de un punto, unos 245 mil sufragios, con el escrutinio todavía abierto. En Perú, Keiko Fujimori aventaja a Roberto Sánchez por menos de un punto, unos 40 mil sufragios, con el cómputo todavía abierto. Dos elecciones partidas por la mitad. Dos resultados que aún se deciden en el papel. Y en los dos, el sector que va perdiendo levanta la misma palabra: fraude.
En Colombia la denuncia viene de la izquierda. Gustavo Petro habla de un software vulnerable, de servidores que cambiaron de dirección, de actas alteradas después de subirlas. En Perú la denuncia viene de la izquierda de Roberto Sánchez, que cuestiona la custodia de las actas del voto en el exterior. La simetría parece ideológica. No lo es. Para verlo basta retroceder cinco años.
01El reflejo no tiene color
En 2021, en el mismo Perú, quien gritó fraude fue la derecha. Keiko Fujimori perdió contra Pedro Castillo por 44 mil votos y montó un esfuerzo sin precedentes para revertir el resultado. Denunció un fraude sistemático, una conspiración comunista internacional, manipulación de actas. Cuestionó más de 500 mil votos y pidió anular cerca de 200 mil, casi todos de regiones andinas pobres que votaron de forma abrumadora por Castillo. Contrató a los bufetes más caros de Lima. Marchó en las calles diciendo a sus seguidores que la elección "se iba a dar la vuelta", siguiendo el guion de Trump frente a su propia derrota.
Ninguna de esas denuncias se sostuvo. La OEA, la Unión Europea, la Asociación Civil Transparencia, IDEA Internacional, la Unión Interamericana de Organismos Electorales, el Jurado Nacional de Elecciones y el Ministerio Público revisaron lo que había que revisar. En todos los casos evaluados, la conclusión fue la misma: no hubo fraude. Keiko mantuvo la acusación durante meses, ya entrado 2022, después de que cada organismo competente había dicho que no.
Cinco años después, el grito cambia de bando otra vez. En 2026 la izquierda peruana denuncia irregularidades en la cadena de custodia de las actas del exterior. Y la extrema derecha también: Rafael López Aliaga, eliminado en la primera vuelta, denunció fraude sin pruebas, llamó a sus seguidores a la insurgencia, exigió capturar al jefe de la ONPE y ofreció recompensas en efectivo a quien le entregara evidencia. Pidió pruebas con dinero porque no las tenía.
Pierde por 44 mil. Denuncia fraude sistemático y "conspiración comunista". OEA, UE, Transparencia, IDEA, JNE: no se detectó fraude
Eliminado en primera vuelta. Llama a la insurgencia, ofrece recompensa por pruebas. Sin pruebas presentadas
Pierde por ~40 mil. Denuncia la custodia de las actas del exterior. Las misiones de observación no hallan irregularidades graves
Cepeda pierde por menos de un punto. Denuncia software vulnerable, cambio de IPs, actas alteradas. ColombiaCheck y observadores desmienten la versión de primera vuelta; escrutinio en curso
Ahora gana por menos de un punto. Rechaza las denuncias en su contra: "ninguna evidencia". La misma persona, el lado contrario
02La misma persona, los dos lados
Keiko Fujimori es la prueba más limpia. En 2021 perdió por un margen mínimo y vio fraude en todas partes. En 2026 gana por un margen casi idéntico, con el mismo sistema y los mismos organismos, y ahora llama a las denuncias de su rival "un acto desesperado de política" sin "ninguna evidencia". Le pide a las autoridades que apuren el conteo y proclamen rápido. Cambió todo menos una cosa: esta vez va ganando.
El margen es el mismo. El sistema es el mismo. La conducta se invierte por completo según de qué lado de la línea cae. Cuando la acusación de fraude aparece solo cuando pierdo y desaparece cuando gano, la acusación nunca estuvo mirando la evidencia. Estaba mirando el marcador.
03Lo que sí es verdad
Aquí está la parte difícil, la que la polarización no deja sostener. Los sistemas tienen fallas reales. Las dos cosas son ciertas al mismo tiempo.
En Perú, el presidente del Jurado Nacional de Elecciones admitió que hubo serias irregularidades en la organización de los comicios: retrasos, problemas logísticos en la apertura de mesas. Eso es real, y es distinto del fraude en el conteo que se denuncia. Perú ha tenido ocho presidentes en una década. Castillo está preso. El presidente actual es interino, juró en febrero tras la caída de su antecesor por reuniones secretas con empresarios chinos, y entrega el poder el 28 de julio. La elección de 2026 rompió el récord de votos nulos de los últimos veinte años: una población tan alejada del sistema que anula la papeleta a propósito.
Colombia tiene sus propias grietas, y las hemos documentado: la opacidad del software de transmisión, la trazabilidad degradada de los formularios E-14, un proveedor que nadie audita a fondo, una sentencia del Consejo de Estado de 2018 que sigue en disputa. Nada de eso es inventado. Y nada de eso prueba el fraude concreto que se está denunciando.
Es lo que en los Andes llamamos ch'ixi: dos verdades que no se disuelven en una. El sistema necesita reforma y la denuncia de fraude es falsa. Sostener solo la primera es ingenuidad. Sostener solo la segunda es propaganda. Sostener las dos es el trabajo.
04El papel aguanta
Las dos democracias descansan sobre lo mismo: papel físico que se puede mirar. En Colombia el conteo que vale es el E-14, llenado a mano en la mesa, firmado, fotografiado por los testigos, consolidado por jueces con todos los partidos mirando. En Perú las actas observadas pasan a Jurados Electorales Especiales que recuentan las cédulas físicas guardadas en sobres lacrados, y esas audiencias se transmiten en vivo por YouTube.
En 2026 Perú agregó una regla nueva: las papeletas se conservan hasta la proclamación, ya no se destruyen apenas se llena el acta. Ese cambio es el sistema respondiendo a sus propios críticos con más transparencia, no con menos. La defensa técnica contra el fraude existe y funciona. Es evidencia anclada en el papel que cualquiera puede observar. El que afirma que cambiaron un acta tiene cómo probarlo: el original firmado, contra el publicado, mesa por mesa.
05Pero el papel no basta
La tecnología resuelve el problema técnico. No resuelve el otro. Cuando la OEA, la UE, Transparencia e IDEA dicen que no hubo fraude, y la acusación sigue viva igual durante años, la acusación nunca estuvo escuchando la evidencia. La desconfianza que ninguna prueba puede mover no es un análisis. Es una identidad.
Lo que separa una auditoría legítima de una deslegitimación es aceptar o no la respuesta. Pedir un reconteo es democrático. Pedir que se revisen las actas dudosas es democrático. Anunciar el robo antes de contar, y mantener la acusación después de la verificación, es otra cosa. Es enseñarle a media población que la derrota no existe, que solo existe el despojo.
06El costo
Perú es el espejo de adónde lleva esto. Un autogolpe, calles con manifestantes muertos, presidentes que caen uno tras otro, un país donde ninguna institución conserva la confianza y un candidato que pierde llama a la insurgencia en lugar de reconocer. La narrativa del fraude no disputa un resultado. Disuelve lo único que permite a un país dividido seguir viviendo junto: la palabra del que pierde de que el resultado se respeta.
Esa palabra es el muro que sostiene todo lo demás. Colombia, con el resultado todavía en el conteo y la deslegitimación ya circulando en redes, está decidiendo en este momento si conserva ese muro o pide prestadas las ruinas de Perú.
Contar el papel a la vista de todos, y aceptar lo que diga, es lo único que sostiene a una democracia partida por la mitad. Lo demás le enseña a medio país que perder es lo mismo que ser robado. Y un país que cree eso no vuelve a confiar en nada.
